Si quieres saber cómo dejar de comer por ansiedad, lo primero que quiero decirte es que no se trata simplemente de tener más fuerza de voluntad.
Muchas veces comemos porque estamos nerviosos, aburridos, preocupados o agotados, y la comida se convierte en una forma rápida de sentirnos mejor.
Por eso, prohibirte determinados alimentos suele solucionar poco.
Por qué la ansiedad puede llevarte a comer
La ansiedad puede llevarte a comer porque la comida proporciona un momento de placer, distracción o alivio. El problema es que ese alivio suele durar poco y después pueden aparecer la culpa o el arrepentimiento.
Y entonces comienza otro círculo: “he comido demasiado, mañana no desayuno”, “mañana empiezo la dieta” o “tengo que compensarlo”.
Qué hacer cuando tienes ganas de comer sin hambre
Cuando tienes ganas de comer sin hambre, prueba a hacer una pequeña pausa. No para prohibirte comer, sino para preguntarte qué necesitas realmente.
¿Tienes hambre? ¿Estás cansada? ¿Estás enfadada? ¿Necesitas desconectar? ¿Llevas todo el día corriendo y este es el primer momento que tienes para ti?
A veces descubrir qué hay detrás de esas ganas de comer ya cambia la situación.

Cómo evitar el ciclo de culpa y restricción
Evitar el ciclo de culpa y restricción es fundamental. Si después de comer algo que consideras “prohibido” decides saltarte comidas o comer muchísimo menos al día siguiente, es probable que vuelvas a sentir hambre y ansiedad.
Comer de forma regular y suficiente puede ayudarte a evitar que llegues a determinados momentos del día con un hambre enorme.
Y recuerda: comer de más un día no arruina nada.
Cuándo pedir ayuda profesional
Si sientes que pierdes el control con la comida con frecuencia, comes grandes cantidades en poco tiempo, lo haces a escondidas o la comida está ocupando demasiado espacio en tu cabeza, merece la pena pedir ayuda.
Un profesional de la nutrición puede ayudarte a trabajar tus hábitos alimentarios y, cuando existe un componente emocional importante, puede ser recomendable contar también con apoyo psicológico.
No necesitas castigarte para cambiar tu relación con la comida.

