Restaurantes bizarros: Marton Theme Restaurant

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Si el otro día hablábamos de un restaurante escatológico, cuya base temática estaba asociada al gore y el canibalismo, hoy presentamos otro lugar repugnante para la colección, en el cual, en este caso, la gracia está en dar la impresión de estar comiendo caca.

Como se aprecia en las imágenes, en este sitio tan majo, de astronómicos precios, la decoración trata de asemejarse en todo lo posible a un retrete. Los asientos son retretes, y los platos son retretes en miniatura. Imagino que las servilletas se sustituyen por rollos de papel higiénico, se bebe cerveza caliente sin espuma y la base de la comida será carne guisada con tropezones, y abundante chocolate.

Cuidan hasta el último detalle, para que uno deje llevar al extremo su coprofagia, para derribar tabúes y que uno recuerde su más tierna infancia, cuando se llevaba a la boca el dedo untado en… en… En fin, que creo que el concepto queda meridianamente claro.



La comida y el cine (6)

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El improbable lector de este blog recordará que comenzamos esta serie, en su primera entrega, hablando de la mítica película ochentera de aventuras adolescentes, “Los Goonies”; lo hicimos refiriéndonos a la historia que cuenta Gordi acerca de un atracón que se dio una vez y acabó echando las papas, vomitando, o descomiendo. Y de hecho, como allí explicamos, esa escena la tenía difusa en mi cabeza, mezclada en realidad con otra no menos mítica escena de película adolescente de los años 80: “Cuenta conmigo” (“Stand by me”, Rob Reiner, 1986).

En mi cabeza, como digo, había mezclado ambos films, ya que tienen numerosos puntos en común: en ambos, un grupo de chavales de la misma edad realiza un viaje rural lleno de aventuras; en ambos se encuentran con cadáveres; en ambos comparten secretos y afianzan su amistad para siempre; en ambos se ponen en peligro; en ambos, uno de los protagonistas está interpretado por Corey Feldman; en ambos hay otra banda de chavales algo mayores que les persiguen; ambas son pelis generacionales, estrenadas casi simultáneamente, y que marcaron a todos los chavales de mi época, los que ahora rondamos los 30.

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Si bebes, no desfiles

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Aunque aquí hablamos casi siempre de comer, vamos a ver un video sobre lo contrario. Dadle al play y me entenderéis:

Me lo he encontrado en Cortos y Trailers. Se trata de un anuncio disuasorio contra el abuso del alcohol. Qué lejos quedan los tiempos de Stevie Wonder y el “si bebes no conduzcas”. Es que ahora todo tiene que ser fashion y no sale en la tele nadie que no sea metrosexual.

Y no bebáis tanto, hombre.



¿El principio del fin de las palomitas? ¡Síiii!

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La decisión, por supuesto, sólo afecta a una cadena, Picturehouse Cinema, propietaria de 19 cines en Gran Bretaña, pero se me antoja una noticia maravillosa, extraordinaria.

A mí probablemente lo que más me gusta del mundo es el cine. Sentarme a ver una película y evadirme de la realidad. Y qué mejor, cuando uno ve una buena película sentado en un butacón, delante de una pantalla grande como el horizonte y con un sonido churrisurround envolvente… Ésa sería mi situación ideal para asistir a una buena proyección, si no fuese porque, a menudo, ver una película en público se convierte en todo un tormento. El crujiente crepitar de centenares de maleducados masticando alrededor, hace que casi siempre prefiera quedarme en casa.

Me he enterado gracias al blog Cinemaspop. Ojalá el resto del mundo tome ejemplo.



La comida y el cine (5)

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El otro día hablábamos de “Super size me”, el documental sobre malnutrición/campaña de desprestigio más famoso de los últimos tiempos. Y en esta nueva entrega de la saga cinéfila de este blog, quiero traer no uno, sino dos ejemplos de documentales “gonzo” nacidos a rebufo de éste: “171 Starbucks” (Mark Malkoff, 2007) y “Super high me” (Michael Blieden, 2007).

1. En “171 Starbucks”, el cómico y cineasta Mark Malkoff decide rodarse a sí mismo durante la proeza que supone conducir en bicicleta durante 24 horas como un loco por las calles de Nueva York, visitando uno por uno los 171 establecimientos de la cadena Starbucks que hay en toda la ciudad. Y en cada uno de ellos, por supuesto, tomarse un cafelito fashion marca de la casa. Durante los 11 minutos que dura el documental en el que recoge dicha odisea, vemos los estragos que la cafeína provoca en su cuerpo, así como las mil y una anécdotas que se producen en su alocado periplo entre el tráfico. Por ejemplo, el último de los establecimientos que le queda por visitar para dar por concluido su experimento, le cierra en las narices por pocos minutos, y se ve obligado a que le vendan algo de estraperlo, a través del cierre ya echado de la tienda. Finalmente consigue que le dispensen un horripilante muffin a cambio de 80 dólares…

Desconozco el motivo por el cual la página oficial de la pieza ya no existe, pero la película se puede ver completa en Youtube:

2. Así como “Super size me” (que podría traducirse libremente como “¡Supergochéame!”) trataba de pone el dedo en la llaga en lo que a comida basura se refiere, recientemente se estrenó un documental basado en dicha cinta, pero parodiándola y fusilándola a través de las peripecias de un stand-up comedian porrero, Doug Benson (habitual del canal de entretenimiento musical VH1), que decide pasarse 30 días fumado, consumiendo marihuana de forma compulsiva desde que se levanta hasta que se acuesta. “Super high me” podría traducirse campechanamente como “¡Supercolócame!”.

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En la película vemos el proceso que sigue Doug, fumador de marihuana habitual, cuando deja por completo los porros durante un mes y se somete a todo tipo de pruebas, tests psicotécnicos y entrevistas variadas, en contraste con los resultados que se producen una vez que todas las actividades que realiza a lo largo del día están “bajo la influencia”. La cinta aprovecha para criticar duramente la doble moralidad de unas leyes, las estadounidenses, y la irracional aplicación de las mismas en una sociedad, la californiana, donde el consumo propio de marihuana está legalizado desde hace mucho tiempo. Asímismo, analiza el mercado de los coffee-shops y nos presenta de forma seria diferentes casos relacionados con el consumo de marihuana terapéutica. Un documental muy completito, que en este sentido también toma como fuente de inspiración las numerosas anécdotas que ya veíamos en “Super size me”.

Aunque, experimentos al margen, la gracia está n ver al cómico, ciego perdido, diciendo sandeces…



Restaurantes bizarros: Nyotaimori

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El restaurante Nyotaimori (término que significa literalmente “plato de cuerpo femenino”) se encuentra, cómo no, en Japón, y es algo así como la (terriblemente machista, me parece) tradición de comer sushi y sashimi sobre el cuerpo desnudo de una señorita, algo que se ofrece en algunos restaurantes nipones, y que sin duda está bastante relacionado con el turismo sexual; pero llevado en este caso al extremo: en lugar de comer comida cruda “sobre” una mujer semidesnuda viva, en este caso lo que te comes es a la propia mujer, cruda, pero y muerta.

Por supuesto, las leyes de aquel país tampoco permiten, de momento, que el asesinato y el canibalismo se administre en restaurantes, así que lo que ofrecen en este simpático lugar es un banquete de “sucedáneo de piba”.

No sé exactamente en qué consiste la comida que están devorando los alegres comensales de la foto, pero como se puede apreciar, el plato (la mujer) se come, se corta y dentro están las vísceras y los órganos, que también son delicias exóticas del país del Sol Naciente.

Sushi humano, para nuestra primera entrega de esta nueva miniserie en el blog, sobre los restaurantes más extraños del mundo.



El misterioso caso del repartidor suizo y El Bulli (2)

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Apenas unos pocos días más tarde de enterarme de la misteriosa desaparición que tuvo lugar en El Bulli (me refiero a esto, ¿recordáis?), estaba yo haciendo parapente sobre los castillos transilvanos, descansando de mis últimas investigaciones sobre el más reciente escándalo inmobiliario, cuando X, mi contacto en Centropa, me hace llegar un comunicado con carácter de urgencia a través de videollamada (todo esto es mentira, pero valga para mantener el tufillo a bolsilibro de misterio que tiene toda esta historia):

“El gourmet suizo cuya pista se perdió tras cenar en El Bulli fue visto en Ginebra 6 días después de su desaparición.”.

(En realidad es un teletipo de agencia, que a mí me llega enseguida través de los avisos de El País vía SMS; esto sí es cierto…).

La historia parece que tiene visos de continuar, y puede que acabe siendo un nuevo culebrón del verano, al estilo del cura de los 1000 globos, fabulosa historia que medio mundo seguimos casi en tiempo real a través de SMSs, e-mails, feeds, twitters y demás inventos de la 2.0. De verdad, ojalá todas las chorradas veraniegas fueran como éstas, que lo de las medusas y las motos acuáticas asesinas ya no hay por donde cogerlo, leñe…



El misterioso caso del repartidor suizo y El Bulli

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Esta semana ha saltado a las páginas de sociedad una de las noticias más asombrosas de los últimos tiempos, relacionada con la gastronomía y, más concretamente, con esos restaurantes de comida para millonarios de los que tanto nos gusta hablar por aquí. En concreto, sucedió en el mejor del mundo, en nuestro favorito, el restaurante/laboratorio experimental/estudio/delicatessen de Ferrán Adriá: ¡¡el misterioso simpa de un cliente de El Bulli!! Leo en Meridianos:

La Policía investiga una extrañisima desaparición digna de la mejor novela negra. Los mejores restaurantes, un viaje a lo largo de todo el mundo, años de preparación y un mensajero suizo de 46 años se entremezclan en esta historia inconclusa.

Pascal Henry repartidor de paqueteria había ahorrado durante mucho tiempo para comer en todos los restaurantes de el mundo con 3 estrellas Michelin; 68 restaurantes en nueve países en solo 68 días.

El pasado 12 de junio después de haber recorrido 5 países, 40 restaurantes con 120 estrellas Michelin - llego al restaurante El Bulli, en Roses (Girona) elegido por tercer año consecutivo el mejor restaurante del mundo. El Bulli esta emplazado en una vieja casa de campo de la Costa Brava, a 200 km de Barcelona. Hoy en día, recibe 400.000 pedidos de reservas de todas partes del mundo. Solo abre 6 meses al año y el costo medio por persona es de 300 euros. Se distingue por su innovación y calidad en el tratamiento de los alimentos.

Todo este viaje se vio trastocado, el mensajero suizo se esfumó después de los postres y antes de abonar la cuenta, dejo sobre la mesa un sombrero, unas cuantas fotografías y una libreta firmada por los cocineros que había visitado y con la lista de los platos que había degustado.

Una vez acabado el postre, el suizo comenzó a charlar con una pareja sentada en una mesa cercana. Cuando fue a entregarles su tarjeta de visita se percató de que no tenía su cartera, con la que tenía que abonar el precio de la cena. Entonces, salió hacia su vehículo, supuestamente para recoger su cartera, y ahí se le perdió la pista para siempre.

¿No es asombroso? Desde aquí queremos romper una lanza por los simpas en El Bulli, y no tenemos nada que añadir a la fenomenal historia (como siempre, por otra parte) que nos dieron a conocer los de Meridianos.



La comida y el cine (4)

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Si hay un documental pop, contemporáneo y de renombre, relacionado con el asunto de la comida, y más concretamente de la comida insana y que pasa de las dietas, ése es “Super size me” (2004), escrito, producido, dirigido y protagonizado por Morgan Spurlock. Un experimento a cámara armada, que consistió en la exposición del autor, durante un mes, a la ingesta exclusiva de productos de McDonald’s.

En su momento, la película causó mucho revuelo. El concepto era original, algo así como la máxima del “periodismo gonzo” (término acuñado por el malogrado Hunter S. Thompson, que consistía en realizar reportajes en el que el protagonista es el propio periodista, que decide sufrir en sus propias carnes la experiencia acontecida, implicándose al 100% en la noticia) aplicada al univero culinario, y más concretamente a las cadenas de comida rápida.

Fue vendido como una crítica a la comida basura, y una contrapublicidad descarada a la empresa McDonald’s, que sin embargo parte de un error de bulto, que no pocos pasaron por alto y le cayeron críticas y burlas por todos lados: y es que si ciñes tu dieta durante todo un mes a mal-alimentarte de lo mismo, ya sean whoppers o caviar iraní, tu salud se resentirá.

Al margen de la polémica y de las limitaciones de la cinta, lo cierto es que “Super size me” quedó muy simpática, y es bastante entretenida. Además del experimento en sí, durante el proceso conocemos a un montón de seres abisales, coleccionistas de parafernalia mcdonaldiana o devoradores compulsivos de hamburguesas de a 1 $ (de hecho, uno de los personajes que se encuentra Spurlock es un tipo que presume de llevar toda una década comiendo al menos un Big Mac al día, sin que se note demasiado en su figura). Bastante simpática, aunque gastronómicamente indecente.



La comida del Paleofuturo (7)

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NATA BATIDA MEDIANTE GAS EN EXPANSIÓN

(Revista Modern Mechanix, junio de 1935)



«Al pulsar un botón, la nata normal, sujeta a un proceso novedoso, puede ahora convertirse en nata batida. La nata es colocada por el lechero primero en automóviles contenedores de acero. Una vez vertido aire puro para eliminar el oxígeno, el contenedor recibe una inyección de gas óxido nitroso. Cuando el ama de casa presiona el botón en lo alto del pequeño barril, le óxido nitroso se expande, forzando a la nata a salir a presión y, a través de esta, expele el producto ya batido.».